viernes, 4 de agosto de 2017

VACIANDO MOCHILAS, LLENANDO ALMAS (capítulo 15)

✤ Capítulo 15. Niña mala, no viniste a dormir anoche ✤
Al abrir los ojos esa mañana, me di cuenta de que me había quedado completamente dormida, sin darme cuenta, la noche anterior. Los rayos de sol se colaban a través de algunas rendijas de la caravana informándome de que ya era de día.

Como imaginé que mi amiga habría llegado tarde, pues no escuché su llegada, me moví lentamente para no despertarla y al mirar hacia su cama, me di cuenta de que no había pasado la noche ahí. Sin poder evitarlo, se me escapó un grito a la vez que levantaba los puños y saltaba en la cama.
―¡Síiiiiiiiiiii!!!!!!!!! ¡Síiiiiiiiiiiiiiiiiiii!
Mi alegría era incontrolable. No tenía ni idea de cómo habría pasado la noche Joana, pero algo en mi interior me decía a gritos que mi amiga era feliz por primera vez desde hacía mucho tiempo. Con el corazón todavía lleno de ese sentimiento, me estaba levantando cuando entró mi amiga despacio por la puerta.
―Ho… hola―dijo intentando disimular su alegría que brillaba en sus ojos.
―¿Ho-ho-hola? ¡Y una mierda, guapa! Ven aquí ahora mismo y cuéntame todo, todo y todo. Quiero hasta el más mínimo y pornográfico detalle―le dije señalando con la palma abierta un lugar a mi lado en la cama.
Joana sonriendo con picardía y la mirada iluminada, en tres pasos rápidos se sentó junto a mí.
―Con treinta años… he tenido mi primera vez, y mi segunda―anunció sin privarse de sonreír abiertamente―. Ha sido algo totalmente nuevo, sensual, delicado. He descubierto sensaciones y lugares de mi cuerpo que nunca pensé que se despertarían. Ha sido delicado, sabroso, emocionante, pasional…
Me hablaba y a la vez notaba como su vello se erizaba de arriba a abajo. Me sentía feliz porque estaba viviendo lo que mi amiga en su adolescencia y durante su relación con Daniel no había sentido nunca. 
―Me ha acariciado tan suavemente y besado tan deliciosamente que creo que no me ducharé en un año―dijo estremeciéndose―. Esta mañana me ha despertado con un café recién hecho y hemos acabado desnudos sobre su cama como dos amantes furtivos. Es un hombre increíble, Derah, créeme.
―Te creo, mi vida. Me lo dicen tus ojos―le dije mirándola desde el corazón.
En cuanto Joana salió de la caravana para irse a duchar, recordé que debajo de mi culo estaba el móvil de mi amiga.
―Es justo el lugar donde debes estar. ¡Que te jodan, capullo!
Decidí esperar a que volviese ella para irme a duchar yo y con un vaso de zumo fresco entre mis manos, salí a sentarme en las sillas de fuera.
―Buenos días―me dijo Jorge al verme.
―Buenos días―respondí sonriendo.
No hizo falta decir nada más sobre lo ocurrido porque no había nada qué decir. Al poco rato llegó Joana y decidimos los tres ir a pasar la mañana a la playa. El mar estaba en calma y una vez más sentí como me invitaba a adentrarme en él y así lo hice. Mi mirada disimulada a veces buscaba a Joana y descubría alegre como estaba radiante y feliz conversando con Jorge mientras éste le acariciaba lentamente sus dedos sobre la arena.
No tenía ni idea de cómo acabaría esa relación que justo empezaba, pero de cualquier forma, estaba claro que sería un alivio en el alma de Joana.
Decidimos comer juntos de nuevo, y sacamos de las dos caravanas comida suficiente para un regimiento. Ya con los cafés frente a nosotros, esta vez con hielo, Jorge sacó la conversación sobre mis dibujos.
―Deberíamos poner manos a la obra con el registro y empezar a definir la línea del blog.
―Yo no tengo ni idea de todo eso, nunca me lo había planteado―informé.
―Pues ha llegado el momento―y levantándose fue a coger su portátil para reunirse de nuevo con nosotras.
―Mira, hay varios sitios en Internet en los que puedes abrir un blog de forma gratuita. Este que te voy a enseñar es muy completo y además podrás ir modificándolo y subiendo más fotos siempre que tú quieras.
Nos enseñó muchas cosas nuevas y luego nos pusimos a registrar todas las fotos de mis dibujos que realmente habían quedado muy bien.
―¡Es fantástico, Derah!―exclamó Joana entusiasmada―. Verás que habrá mucha gente que te dirá lo maravillosos que son tus dibujos.
La verdad es que a mí me costaba reconocer que la idea me estaba gustando y empezaba a sentir dentro de mí un sentimiento de orgullo propio que nunca, o casi nunca, había experimentado. Se nos pasó la tarde volando frente al ordenador pero valió la pena, pues el resultado final empezaba a gustarme tanto que después de cenar le pedí a Jorge poder continuar con el blog mientras ellos iban a dar un paseo.
En la intimidad de nuestra caravana, me permití el lujo de soñar como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Empecé a imaginar cómo mis dibujos causaban furor entre las personas que los descubrían y me llegaban comentarios maravillosos que me hacían casi llorar de alegría.
En mi fuero interno también sentí una pequeña vergüenza por pensar esas cosas, pero la deseché diciéndome a mí misma que soñar no hacía daño a nadie. En mi imaginación llegué tan lejos que hasta había montado una exposición con todos mis bocetos y dibujos guardados durante años y años en el fondo del armario, y me sorprendí exclamando en voz alta un ¿Y por qué no? a mí misma.
Estaba tan contenta por esas sensaciones que parecían empezar a llenarme el alma a mi también, que sentí la necesidad de hablar con alguien. Mi sorpresa fue que sin ni siquiera pensarlo un segundo, el número de teléfono que marqué fue el de Antonio.
―Hola―me dijo al tercer timbrazo.
―Hola.
―¿Pasa algo? ¿Estáis bien?
―No. Sí.
Me sentía extraña sin saber qué decirle exactamente y tuve la sensación de que Antonio también se sentía confuso. Y mientras pensaba en él, imaginaba los hoyuelos de su cara escondidos tras su barba de dos días.
―¿De verdad que no pasa nada?―volvió a preguntar.
―No, no pasa nada. Estamos bien. Joana ha salido a dar un paseo con el vecino de al lado y yo tuve ganas de escuchar tu voz.
Tal y como salieron las palabras de mi boca me callé de golpe por la sorpresa de escucharme decir a mí misma esa realidad tan inconfesable hasta ese mismo momento.
―¿He oído bien? ¿La italianita mocosa me está diciendo que me echa de menos?
―Sí, creo que sí.
Estuvimos hablando más de media hora sobre el camping, sobre el tiempo y sobre Joana. Le expliqué por encima que habíamos conocido a Jorge y que estaban empezando a conocerse.
―Es un buen hombre y a tu hermana se la ve muy feliz, de verdad.
―Te creo, confío plenamente en que no dejarás que le hagan más daño.
―Por cierto, Daniel estuvo llamándola desde el primer día pero ya no molestará más. He apagado su móvil y lo he metido debajo de mi colchón―le informé riendo―. Ella no se ha dado ni cuenta.
―Tranquila, de todas formas no volverá a llamarla, por lo menos durante un tiempo―aseguró Antonio.
―¿Por qué? ¿Qué ha pasado?
―El muy cabrón llamó a casa de mi madre preguntando por Joana y luego cometió la estupidez de llamarme a mí. Le he dejado bien claro que él ya no pinta nada en su vida y que se aleje de mi hermana. Ya sabes que es un cobarde.
―De verdad, Antonio, Joana está radiante. Me gustaría que estuvieses aquí para que pudieras verla y confirmarlo por ti mismo.
―¿Sólo te gustaría que estuviese ahí por eso?
Mis temores empezaron a asomar desde algún lugar, pero les hice frente y respondí apartando el miedo.
―No, no sólo por eso. Tengo ganas de verte, Antonio.
―Puedo ir antes, si me lo pides. Pero sólo si me lo pides, Derah.
El corazón me latía con fuerza. Una fuerza que me estaba ahogando, porque sacar mis verdaderos sentimientos me costaba un horror, pues eso implicaba un esfuerzo sobrehumano para mis inseguridades y mis fantasmas personales.
―Ven―logré decir.
―Dejaré las cosas listas en dos días. No te escondas, Derah. No te refugies donde quiera que lo haces cuando huyes.
―No lo haré.
―Buenas noches, mocosa.
―Buenas noches, Antonio.
El teléfono ardía en mis manos y al dejarlo sobre las sábanas, donde me había tumbado, me di cuenta de que la mano que lo había sostenido estaba blanca por la fuerza con que lo había hecho.
No podía seguir engañándome y llenando así de nuevo mi mochila ahora tan ligera. Mi alma tenía un hueco reservado y yo sabía quién era el dueño de ese rincón. 
Un hombre alto, moreno y atractivo, que estaba en mi vida desde cuando ambos éramos niños.

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